sexta-feira, 11 de julho de 2014

Provocações de Tião - Aquí todos somos cristales

Por Sebastião Pinheiro
Engenheiro agrônomo e florestal, ambientalista e escritor

Mañana termina la Copa Mundial de Futbol con la final Alemania x Argentina y yo me acuerdo del domingo triste cuando Argentina empató con Perú 2 x 2 en La Bombonera y quedó fuera del Mundial.  Yo era canillita (vendedor de diarios en las calles) y el futbol y la quiniela eran la carne de mi puchero.  Por ejemplo, cuando Estudiantes salió campeón en la Libertadores (1968) yo vendí 1.200 diarios y me gané en un día 6,000 pesos M.N (500 dólares); Cuando Estudiantes de La Plata salió bicampeón del mundo yo vendí 2.800 diarios y tuve una renta 19.000 pesos M.N. y me fui a comer una entrada de mayonesa de pollo, bife chorizo, Ethcard Privado de etiqueta amarilla, como postre el “gatêaux” de la casa en el Restaurante Abruzzese, donde yo vendía mis periódicos por la noche.

Pero en aquel domingo triste en el invierno pampeano no vendí casi ningún diario con que mi puchero quedaría agua y papas. Pude acompañar por la radio todas las análisis y con lo colegas de facultad sus posturas sobre el tema.  44 años después, que bueno es poder repasar los “viejos apuntes”. Recordar, no es vivir, es rejuvenecer.

En diciembre pronostiqué a amigos mexicanos está final y dije nosotros íbamos quedar mal, pero no esperaba el escándalo vergonzoso contra Croacia, ni con Chile, a quien ultrapasamos por pura suerte.  Todos anteveían la catástrofe del 7 x 1 con Alemania.  Pero si los argentinos son excesivamente orgullosos y pasionales, nosotros los superamos en la patriotería inducida y manipulada con perfecta habilidad por las elites. Quedó claro para el mundo que no solo los ídolos de la selección, pero todos tenemos los “pies de barro”, además de la vergüenza imperdonable de no respectar el himno nacional de Chile.

Hay un dicho ruso: “El mismo martillo que rompe el cristal forja el acero”, significa la necesidad de prudencia, virtud de los que no son humildes necesitan aprender.

Las dificultades que los ghaneses y argelinos montarán contra los alemanes y la forma como en pocos minutos los alemanes las superaran no sirvió de precaución, ni enseñó nada a una comisión técnica que recibe más de tres millones de dólares mensuales.

Los diarios brasileños antes del juego decían que Alemania era “una cliente conocida”, presentaban estadísticas, etc.  La atmosfera antes del juego era de pura patriotería, sin cualquier porfía, mientras los alemanes no estaban serenos y tenían un cierto temor en los ojos. Después del juego el defensor brasileño que juega en Bayern München cristalizó el desastre: Nosotros nos preparamos para la final, no para enfrentar Alemania.

Cuando empezó la catarata de goles alemanes, me vino a la mente la película de la guerra fría, “El satánico Dr. No”, en su primera escena tres cieguitos en fila con la mano en el hombro del otro tanteando con sus bastones blancos, cantando y agitando sus canecas metálicas ("Three Blind Mice", foto)…  Eran los defensores del “scracth” nacional. 


 

En los entrenamientos en la última Olimpiada de Invierno en Sochi Rusia una atleta brasileña transformada de gimnasta en esquiadora (?) tuve un triste desastre y hoy está parapléjico por los deporto no ser la extracción apurada de la excelencia en la sociedad, sino un negocio para satisfacer el mercado de consumo.

El que nace “favelado” tiene memoria, y cuando canillita en la vejez tiene la mente viva. La dictadura brasileña construyo más de veinte estadios de futbol, incluso el “Mineirão”, ahora remodelado.  Recuerdo que luego del éxito de la copa mundial de futbol en Río de Janeiro se derribó se el viaducto Paulo de Frontin sacudiendo el concepto de la ingeniería nacional.

44 años después vimos los nueve lujuosos estadios de futbol y cerca al “Mineirão” se derribó un viaducto días antes de su inauguración, sin ninguna repercusión mayor, igualito que en la dictadura.

De corazón y sin miedo afirmo que el 7 a 1 no me asusta, al contrario me alegra, pues mis compatriotas van empezar a usar la memoria. Mañana me gustaría estar en La Plata más una vez, con mis diarios, ansioso para superar mi  record que perdura por cuarenta y cuatro anos, sin patriotería o devaneos y si por si acaso no resulta. Buenos aprendería mucho más a forjar el acero, pues aquí todos somos cristales.

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