Por Sebastião Pinheiro
Engenheiro agrônomo e florestal, ambientalista e escritor
Mañana termina la
Copa Mundial de Futbol con la final Alemania x Argentina y yo me acuerdo del domingo
triste cuando Argentina empató con Perú 2 x 2 en La Bombonera y quedó fuera del
Mundial. Yo era canillita (vendedor de
diarios en las calles) y el futbol y la quiniela eran la carne de mi
puchero. Por ejemplo, cuando
Estudiantes salió campeón en la Libertadores (1968) yo vendí 1.200 diarios y me
gané en un día 6,000 pesos M.N (500 dólares); Cuando Estudiantes de La Plata
salió bicampeón del mundo yo vendí 2.800 diarios y tuve una renta 19.000 pesos
M.N. y me fui a comer una entrada de mayonesa de pollo, bife chorizo, Ethcard
Privado de etiqueta amarilla, como postre el “gatêaux” de la casa en el
Restaurante Abruzzese, donde yo vendía mis periódicos por la noche.
Pero en aquel
domingo triste en el invierno pampeano no vendí casi ningún diario con que mi
puchero quedaría agua y papas. Pude acompañar por la radio todas las análisis y
con lo colegas de facultad sus posturas sobre el tema. 44 años después, que bueno es poder repasar
los “viejos apuntes”. Recordar, no es vivir, es rejuvenecer.
En diciembre
pronostiqué a amigos mexicanos está final y dije nosotros íbamos quedar mal,
pero no esperaba el escándalo vergonzoso contra Croacia, ni con Chile, a quien ultrapasamos
por pura suerte. Todos anteveían la
catástrofe del 7 x 1 con Alemania. Pero
si los argentinos son excesivamente orgullosos y pasionales, nosotros los
superamos en la patriotería inducida y manipulada con perfecta habilidad por
las elites. Quedó claro para el mundo que no solo los ídolos de la selección,
pero todos tenemos los “pies de barro”, además de la vergüenza imperdonable de
no respectar el himno nacional de Chile.
Hay un dicho ruso:
“El mismo martillo que rompe el cristal forja el acero”, significa la necesidad
de prudencia, virtud de los que no son humildes necesitan aprender.
Las dificultades
que los ghaneses y argelinos montarán contra los alemanes y la forma como en
pocos minutos los alemanes las superaran no sirvió de precaución, ni enseñó
nada a una comisión técnica que recibe más de tres millones de dólares
mensuales.
Los diarios
brasileños antes del juego decían que Alemania era “una cliente conocida”,
presentaban estadísticas, etc. La
atmosfera antes del juego era de pura patriotería, sin cualquier porfía,
mientras los alemanes no estaban serenos y tenían un cierto temor en los ojos.
Después del juego el defensor brasileño que juega en Bayern München cristalizó
el desastre: Nosotros nos preparamos para la final, no para enfrentar Alemania.
Cuando empezó la
catarata de goles alemanes, me vino a la mente la película de la guerra fría,
“El satánico Dr. No”, en su primera escena tres cieguitos en fila con la mano
en el hombro del otro tanteando con sus bastones blancos, cantando y agitando
sus canecas metálicas ("Three Blind Mice", foto)… Eran los defensores del “scracth”
nacional.
En los
entrenamientos en la última Olimpiada de Invierno en Sochi Rusia una atleta
brasileña transformada de gimnasta en esquiadora (?) tuve un triste desastre y
hoy está parapléjico por los deporto no ser la extracción apurada de la
excelencia en la sociedad, sino un negocio para satisfacer el mercado de
consumo.
El que nace
“favelado” tiene memoria, y cuando canillita en la vejez tiene la mente viva.
La dictadura brasileña construyo más de veinte estadios de futbol, incluso el
“Mineirão”, ahora remodelado. Recuerdo
que luego del éxito de la copa mundial de futbol en Río de Janeiro se derribó
se el viaducto Paulo de Frontin sacudiendo el concepto de la ingeniería
nacional.
44 años después
vimos los nueve lujuosos estadios de futbol y cerca al “Mineirão” se derribó un
viaducto días antes de su inauguración, sin ninguna repercusión mayor, igualito
que en la dictadura.
De corazón y sin
miedo afirmo que el 7 a 1 no me asusta, al contrario me alegra, pues mis
compatriotas van empezar a usar la memoria. Mañana me gustaría estar en La
Plata más una vez, con mis diarios, ansioso para superar mi record que perdura por cuarenta y cuatro
anos, sin patriotería o devaneos y si por si acaso no resulta. Buenos
aprendería mucho más a forjar el acero, pues aquí todos somos cristales.
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